Aromaterapia y las emociones

Actualizado: may 5

Los aceites esenciales actúan en los niveles físicos, energéticos y psicoemocionales. Pueden, por lo tanto, ser utilizados en los más diversos contextos: área médica y familiar, cosmética, culinaria, masaje, acompañamiento psicoemocional, combate al estrés, prevención y acompañamiento de problemas recurrentes (trastornos invernales, dificultades digestivas, problemas de piel, etc.).

Con frecuencia, algunos aceites pueden tener varios espectros de acción complementarios que corresponden a un perfil físico, energético y psicológico. De este modo, para un mismo problema, existen varias posibilidades. Por ejemplo, hay más o menos 30 aceites esenciales para ayudar en el combate al estrés, calmante del sistema nervioso central. Para elegir entre la lavanda, la albahaca, la camomila o el petit grain, es preciso individualizar en función de las necesidades físicas, psicológicas y energéticas del individuo.

La acción de los aceites esenciales a nivel físico-emocional ocurre por medio de las fibras nerviosas de las neuronas olfativas que, al inhalaren el aroma, transforman la energía química (molécula aromática) en impulsos eléctricos. Estos impulsos van a estimular los nervios olfativos que transmitirán el mensaje al cerebro, más precisamente al sistema límbico, la sed de las reacciones emocionales y del humor.

La acción de los aceites esenciales a nivel energético ocurre gracias a la estrecha relación de nuestros centros energéticos con nuestras experiencias y pensamientos. De esta forma, al actuar en el equilibrio psicoemocional y físico, los aceites esenciales equilibran también nuestros centros energéticos y nuestros cuerpos sutiles.

Hay una correspondencia entre nuestros estados emocionales perturbados y los aceites esenciales, que, a través de la frecuencia de cada aroma, entran en resonancia con nuestros campos de conciencia. Así, algunos aceites esenciales estimulan el desarrollo de nuestras potencialidades, otros la autoconfianza o aún el equilibrio emocional y mental.



El sentido del Olfato & el sistema límbico


El olfato es el órgano de los sentidos más sensible y el primero en ser percibido por el cerebro, además de ser el único sentido ligado directamente al sistema limbico (constituido por el hipotálamo, hipocampo, amígdala, fórnix y córtex), considerado nuestro cerebro emocional. El hipocampo está relacionado con la memoria de larga duración y la comparación (memoria explícita), mientras que el hipotálamo participa del control de los comportamientos, regula las condiciones de funcionamiento interno y de los líquidos corporales (control de las funciones vegetativas y endocrinas).

La amígdala, una pequeña estructura en forma de almendras situada encima de la corteza cerebral, es considerada la sed de las emociones, de la memoria, de la afectividad, del comportamiento y del aprendizaje; está ligada al hipocampo y al tálamo, influenciando significativamente nuestro comportamiento emocional. La amígdala es el eterno vigilante de los comportamientos de miedo y ansiedad, responsable también por los conocidos flasbacks.

La amígdala tiene un papel importante en el almacenamiento y la liberación de traumas emocionales: nuestra memoria emocional pasa por la amígdala mientras que la memoria de largo plazo (explícita) pasa por el hipocampo. Esta diferencia explica por qué no recordamos un trauma que ocurrió al comienzo de la vida; el hipocampo es todavía inmaduro cuando la amígdala ya es capaz de almacenar recuerdos inconscientes. Un traumatismo precoz puede, por lo tanto, perturbar las funciones mentales y el comportamiento de un adulto a través de mecanismos inaccesibles a la conciencia.

El sistema límbico también está directamente relacionado con las regiones del cerebro que controlan el ritmo cardíaco, la presión arterial, la respiración, los niveles de estrés y el equilibrio hormonal. Así, además de despertar aspectos individuales, la composición química de los aceites esenciales provocan también respuestas fisiológicas y endocrinas en el organismo. Los sesquiterpenos, compuestos naturales presentes en algunos aceites esenciales (vetiver, pachulí, cedro, santal de la India, incienso, mirra, clavo, melissa, cedro del atlas) pueden aumentar los niveles de oxígeno en el cerebro en hasta 28%. Un aumento del oxígeno de esta magnitud puede llevar a un aumento de la actividad en el hipotálamo, afectando no sólo las emociones, sino también el aprendizaje, el comportamiento de innumerables procesos físicos como la función inmunitaria, el equilibrio hormonal, los niveles de energía, etc.

La valencia hedónica de los aromas


Los aromas, además de establecer un contexto propicio a los recuerdos, también influencian el humor gracias al componente hedónico, induciendo diversos tipos de sensación, cual sea, relajación o estímulo. La representación cerebral de la calidad de un aroma se modifica de acuerdo con las experiencias sensoriales de cada uno, produciendo reacciones emocionales y modificaciones fisiológicas asociadas. El hecho de que nos gusta o no el olor de un aceite esencial no es insignificante. Un aroma puede potenciar nuestras debilidades, colocándonos en un estado incómodo, o, inversamente, traducir un estado de equilibrio interno.


Asimismo, la influencia terapéutica de una determinada planta se caracteriza por su modo de desarrollo, por su porte, por la gestualidad, por su perfume y por la manera como ella interactúa en su medio ambiente. Las plantas que nacen rastreras al suelo cargan en sí un significado diferente de aquellas que se dirigen de forma intempestiva hacia el sol. Hay plantas que les gusta vivir aisladas y otras que prefieren estar acompañadas ; algunas buscan la luz del sol, mientras que otras prefieren desarrollarse en la penumbra. Las plantas, así como todos los seres vivos, son sometidas a la influencia de fuerzas opuestas, telúricas y cósmicas, provenientes de la Tierra y del Cosmos.



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